Creo que la mayoría podríamos estar de acuerdo que el centro de Santiago está en deterioro. Es lamentable y muchos de nosotros hemos dejado de ir hace un tiempo, ya sea por inseguridad, porque los lugares culturales que visitábamos ya no son tan culturales o si te toco trabajar ahí, probablemente la empresa ya se cambió de barrio.
Por otro lado, Santiago, es la comuna que por lejos tiene más “patrimonio construido” del país, con 1350 inmuebles de conservación histórica (ICH) y sobre 20 zonas típicas. Lo que tiene un espíritu muy noble que consiste en el resguardo de nuestra historia a través de las construcciones, en la práctica muchas veces es un “dolor de cabeza” para sus propietarios, ya que deben pasar por una serie de burocráticas aprobaciones para su intervención y muchos no cuentan con los recursos para su mantención y restauración. Alguno recordará que hace unos meses multaron al propietario de un inmueble histórico por borrar los grafitis de su fachada. Insólito, según dijo el gobernador.
En resumen, tenemos dos problemas que se superponen y potencian, pero también podemos mirar esto como una oportunidad: incentivar la mantención y restauración de inmuebles patrimoniales puede ser un gran catalizador de la recuperación del centro de la ciudad.
La municipalidad, el Consejo de Monumentos Nacionales (CNM) y el GORE pueden crear una serie fórmulas para recuperar el corazón cívico de la ciudad, de paso generar plusvalía en los inmuebles y potenciar el turismo. ¿Cómo? Por ejemplo, crear una alianza con una empresa de pinturas para renovar las fachadas, eliminar aprobaciones burocráticas de intervenciones, crear exenciones de impuestos territoriales para las zonas típicas e ICH, entregar beneficios a vecinos que mejoren sus viviendas, etc.
La recuperación del centro no solo se basa en los grandes proyectos urbanos como el eje Alameda – Providencia, si no, en la recuperación de la gran mayoría de propiedades individuales, que en su conjunto pueden recuperar barrios e invitar a generar nuevas dinámicas urbanas.